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La desnutrición en la Amazonía, especialmente en menores de 2 años y en la población indígena, constituye un grave problema de salud pública caracterizado por altas tasas de desnutrición crónica (retraso en la talla), con serias consecuencias irreversibles en el desarrollo cognitivo y físico; esta situación se ve agravada por una compleja interacción de factores como la pobreza y la inseguridad alimentaria, que limitan el acceso a dietas nutritivas, y el consumo de agua no potable y la falta de saneamiento, que provocan infecciones recurrentes que impiden la absorción de nutrientes y contribuyen a la desnutrición aguda (déficit de peso para la altura). Es fundamental la intervención durante los primeros 1.000 días de vida a través de enfoques integrales que mejoren el acceso a la salud materno-infantil, el agua segura y fortalezcan las prácticas de alimentación adecuadas.